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¿No le pasará a usted con las llamadas de teléfono como lo de Ángela Rodicio con sus cuentas?
Nunca supe lo que pasó realmente, en televisión hay que tener cuidado porque están muy claros los papeles que se tienen. Pienso que el problema con Ángela es que hacía muchas cosas sin pasar por la oficina. Las cuentas de mi corresponsalía las paso a mi productora. Si hago una llamada personal no sólo lo sé yo, lo sabe también la secretaria y la productora.
¿Sus compañeros de trabajo son chinos?
La secretaria y la contable sí, los demás son españoles. La productora era becaria de la oficina comercial de España, y como era muy buena me la llevé a Hong Kong. El cámara es español y lo que ha hecho es ir para allá pagándose el billete de avión, ¿imagínate que no funciona?. El anterior a éste era colombiano, y lo conocí en Nueva York, también se pagó el avión. El problema de encontrar un cámara, montador eficiente y que hable español.

¿No sería más sencillo mandar el material sin montar a Madrid y que lo hiciesen allí?
Me muero si monta alguien lo que he hecho y no lo veo. En algunas ocasiones se hace, por ejemplo con los programas largos. Hago pocos porque no tengo mucho tiempo y ni siquiera tengo el equipamiento necesario para montarlo desde aquí. Alguna de las veces que he estado en España, me quedé unos días para montar el programa. En otras ocasiones haciendo las crónicas no podía porque no había electricidad, en esos casos no los monto. Uno mismo debe ver su propio trabajo.
¿Qué cambio se producirá en su trabajo con la llegada de la TDT?
Hace año y medio que enviamos por Internet nuestro trabajo. La TDT nos lo facilita, estoy encantada. Supongo que irá bien, lo que pasa es que en países de los que cubrimos no es fácil con los medios que hay.
¿Por qué la corresponsalía está en Hong Kong, y no en Pekín o Shangai?
Hace un par de años abrieron una en Pekín. Una de las razones es que entrar y salir de China es muy complicado, hay menos aviones que en Hong Kong, que logísticamente está mejor. Otra razón es la censura, ya que desde nuestra corresponsalía puedes enviar y recibir el material que quieras, y desde Pekín o Shangai no puedes hacer eso. Lo que más batallé desde un principio es que se abriera una oficina en China, porque aunque Hong Kong esté en China, necesitas un visado para entrar, un desastre.
¿Desde Hong Kong tiene más facilidad para acceder a ciertos lugares donde se produce la noticia?
El problema no suele ser el transporte, sino los permisos y visados. En el terremoto de Pakistán no pudimos ir porque fue sábado y estaba cerrado el consulado. Hablamos con la capital, Islamabad, y con la embajada española y no nos lo dieron. Así que llegaron más rápido desde Madrid “Bomberos sin Fronteras”.
¿Nunca ha llegado tarde a una noticia?
En el maremoto [de Indonesia] que se produjo un 26 [diciembre de 2004] y todos estábamos fuera, tuvimos que reagruparnos y organizarnos. Está claro que a las catástrofes siempre llegas tarde porque no lo prevés. Depende de donde suceda, si es una capital o una aldea. En Pakistán tardé dos días en llegar desde España antes de que pasara nada, algo asombroso. En otra ocasión hubo un terremoto en una aldea de Indonesia y desde que salimos para allá, fueron muchas horas de vuelo, más doce en coche y doce de ferry. Podríamos haber ido en el helicóptero de ayuda humanitaria, ahí se presenta el dilema de dejar parte de la ayuda humanitaria o ser tú quien te quedas en tierra. Yo todavía soy de las que creo que la ayuda humanitaria es prioritaria, hay otros que se suben al helicóptero.
¿La noticia sigue siendo igual de importante 24 horas después?
Cada vez se prima más estar allí el primero, aunque cuando estés no sepas nada. Cuando son noticias como la del maremoto de una dimensión tan enorme, francamente, de ella deberíamos estar hablando aún.
¿Cómo le hubiera gustado que se informase del maremoto?
Se hizo bastante bien, aunque se primaba mucho el melodrama: daños económicos, rescate, niño que llora…, se está haciendo un patrón de los desastres. La miseria siempre es igual, lo que cambia es el contexto, los elementos que diferencia un desastre de otro. No es lo mismo Sri Lanka, donde además había un conflicto político con India que influye y hace que la ayuda humanitaria se retrase. Todo eso hay que explicarlo.
¿Hubiese querido contar la debilidad estructural e institucional de esos países?
Lo intenté hacer, en todas las crónicas intento meter un poco de información adicional, pero claro, en poco más de un minuto es difícil.
¿Se ha sentido traicionada por TVE cuando le han forzado a no contar toda la verdad?
En 36 años que llevo nunca me han dicho eso no lo cuentes , lo que si me da rabia es que me acorten el tiempo. En el tema del maremoto hubo un reportaje de dos horas un mes después, habíamos hecho una pieza de cinco minutos sobre el contexto político de Sri Lanka, me dijeron que cinco minutos no iban a entrar y se redujeron a dos. Ahí te sientes muy frustrada.
Le fuerzan a contar media verdad.
No es con mala intención, parece que es mejor poner a muchos huerfanitos, algo espantoso, y van a seguir existiendo si no eliminamos la raíz del problema: los conflictos, la corrupción y la avaricia humana son lo que provocan estos hechos.
¿Se está haciendo una lectura sentimentalista y banal acerca de esos países?
Se debe hacer una lectura que conduzca a una solución, que todos lloremos en casa no ayuda a nadie. Por ejemplo, la reconstrucción [después del maremoto] se está llevando fatal y no se está contando nada.
Como espectador la veo un minuto y medio al día. Siempre he pensado, ¿Qué hará el resto del tiempo?
El trabajo natural de una redacción. En primer lugar informarme concienzudamente de la realidad de los países del Pacífico. Me tengo que encargar de conocer contactos en los países para facilitar el trabajo. Tengo que crear unas infraestructuras, informadores, traductores, conductores… mi colega de la BBC me decía el otro día, ya viene la nube de periodistas expertos en crisis y nada de las crisis de las que cubren . Además mandamos información para el canal 24 Horas, para el canal Internacional, y hacemos algunas cosas para programas como “Miradas 2“, “Enfoque“…, no sólo informativos.
No serán 24 horas de trabajo.
En Hong Kong si no pasa nada especial abrimos a las once de la mañana y terminamos a las nueve de la noche, es decir, esperamos a que pasen los informativos de España. Si a las nueve de la noche no ha pasado nada nos vamos a casa y ya está. Si está pasando algo en algún sitio, como las elecciones del domingo en Tailandia, me cojo un avión.
¿Disfruta la vida social de Hong Kong?
Cuando salimos de la oficina es muy tarde. Durante la semana es difícil porque te sales del horario normal, nunca puedes engranarte en la vida social de la ciudad. Donde más disfrutas es en las corresponsalías europeas.
Ha informado desde dictaduras muy distintas. Dictaduras con una presión estatal muy fuerte como China y otras en las que el estado está menos organizado y existe mucha represión, como Pakistán o Afganistán. ¿En cuál se dificulta más su trabajo?
Las dictaduras del primer tipo son complicadas porque te das contra una pared, aunque ya lo sabes. En cambio, en las otras es más arbitrario. En “la gran democracia India” para la prensa es muy complicada hasta que estás dentro, es difícil que te den el visado. Quiero estar el día siete [de abril] y aún no tengo visado. Cuesta más trabajar en aquellas zonas de medio pelo, Pakistan es muy difícil.
Pakistán, un país musulmán.
El hecho de ser mujer…, lo curioso es que a veces facilita las cosas, porque como no te consideran nada, es como si fueras un mueble. Te encuentras en situaciones en las que los hombres están hablando y nadie te dice nada, porque es como si fueras invisible.
Recuerdo que le preguntó a una niña afgana qué quería ser de mayor y no le dijo nada.
Fue en un campo de refugiados afganos en Pakistán. Estábamos cuatro periodistas y le preguntamos qué es lo que más les gustaría, y ellos contestaron pan, realmente es durísimo pensar que su mayor deseo es tener un trozo de pan. La siguiente fue la que relatas. Los niños no contestaron nada y pensaron, ¿cómo que qué quiero ser? ¿Puedo decidir qué quiero ser? ¿Hay alguna opción?. Cualquier niño piensa que quiere ser bombero o lo que sea. Pensar que unos niños de diez años que no hayan pensado nunca qué quieren ser es tremendo.
¿Se cansa de ver esas durezas?
Si, a veces la gente me dice que debo estar acostumbrada a ver ese tipo de cosas, la verdad es que no, cuesta cada vez más. Quizá porque cada vez te das más cuenta de que por mucho que hagas no se arregla nada. El simple hecho de haber nacido en un lugar o otro, no es que estés redimiendo ninguna culpa, es cuestión de suerte. En Indonesia nos encontramos con una familia cuyo hijo había nacido el mismo día del maremoto y le ayudamos lo que pudimos. Un año después los encontramos con una casa muy primaria, el problema es que la casa estaba a doce kilómetros de su antiguo hogar, y ellos se dedicaban a vender comida en el tren al lado de su antigua casa. El premio Casa Asia que me dieron, decidí donarlo a los protagonistas. De modo que le pregunte qué quería, él me contestó que si tuviera una moto podría seguir vendiendo la comida en el tren (que con todo ganaba medio euro al día), así que le compré una moto. Ese tipo de cosas no las haces para lavar la conciencia, ayuda para superar la angustia que trasmite la miseria.

¿Cree que desde el periodismo se podrían menguar esas injusticias?
Claro. La obligación del periodista es contar todos los hechos, por qué pasan, y forzar a que el ciudadano exija que se cumplan los planes de ayuda. La culpa no es sólo de Occidente, también de los dirigentes de esos países, la corrupción es cosa de dos, uno da y otro recibe. Los intereses económicos, los desmanes contra los derechos humanos son intolerables. Hay que hablar de los derechos humanos en China. El periodismo debe denunciarlo.
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